- Estoy llorando como los maricas, o como los hombres sensibles a los que le queda sólo un poco más de evolución para serlo. Bueno la verdad es que no. No estoy llorando. Pero tengo ganas. Estoy hasta los huevos. Es una de esas fases que me hacen incoherente. Que me hacen como soy. O quizá no. Tengo ganas de destrozar algo bonito. Tengo la rabia acumulada en el cuello. Y ni el rugby me la quita.

- Consulto en Internet. Dice que trabajar de noche produce irritabilidad. ¡Más mariconadas! Lo que me irrita es otra cosa. No sé que coño es. Pero seguro que es otra cosa. Será el viento. Será el Carnaval. O quizá que lo que me prometieron en el trabajo no aparece por ningún sitio. Hijos de puta. Ahí afuera está el coche del jefe. Recuerdo que en el "Street Fighter", despues de matar al tercero tenías que destrozar un deportivo a patadas. Quizá lo intente. Pero no puede ser eso. A mi el trabajo me la pela.

- O será que siento que no tengo derecho a las cosas buenas. Que me acojono como un negro ante un grupo de rapados borrachos, cuando algo despierta en mi. Algo que me recuerda que no estoy al nivel. Que yo no puedo aspirar a eso. Que las cosas buenas son mentira. Voy a volver a encerrarme en mi puto apartamento. Con la primavera vuelven a visitarme las cucarachas. Vuelvo a ser Gregor Samsa. Aparece de nuevo en mi el acido corrosivo que me limpia las venas. Que me recuerda que sólo estoy contento cuando miro el mundo desde abajo. Donde está mi sitio. Donde está el sitio de todos. A no ser que creas que eres especial. Y que el mundo conspira para que seas feliz. La soledad es la única cosa pura.

- Todo lo demás te convierte en presa facil de depresiones y mierdas similares. Te hace ver la vida como sería si no fuera como es. Si no fueramos más que un grupo de instintos y represiones encerrados en piel, rellena de vísceras y un tubo de 8 metros lleno de mierda.

- Menos mal que por lo menos soy ateo.