- Me ha llamado un amigo de Asturias. Empezamos el colegio juntos, con cuatro años. Él es justo un mes mayor que yo. Fuimos siempre a clase juntos, en el colegio y en el instituto. Con quince años nos compramos entre los dos un vespino, para ir a entrenar. También éramos compañeros de equipo. Teníamos la costumbre de pelearnos una vez al año. A palos de verdad. Ojos morados, labios hinchados. Éramos muy buenos amigos. Pasamos muchas cosas juntos. Buenas y malas. Vivimos los divorcios de nuestros respectivos progenitores. Compartimos un montón de conquistas y pequeños problemas sentimentales.

- Él empezó a salir con una chica hace ocho años. Había muchas cosas que comentar. Resultó ser el primero de la panda que se follaba a una chica que tomaba la píldora. Todos preguntábamos. Nos decía que era increible. Que se sentía más calorcito. Y que correrse dentro era... ¡¡¡Buffff!!! A ella la mirábamos como a una diosa. Era la mujer sin profilácticos. La chica que recibía semen dentro de ella. Sin barreras. Nada era artificial. Sobretodo para otro amiguete que tenía que emborrachar a la suya para que se pusiera encima.

- La mujer sin profilácticos, nos daba cien mil vueltas a todos. A él también. Y se fue alejando. De vez en cuando no tenía tiempo para quedar con nosotros. Poco a poco dejó todas las actividades que hacían que nos viéramos. No creo que sea culpa de nadie. Yo fuí de los pocos que lo defendió. "Joder! No somos mujeres! no necesitamos enseñarnos los últimos trapitos, ni cotillear. Cuando quiera venir que venga. Y si no viene, yo me alegro. Seguro que lo está pasando mejor"

- Cuando todos empezamos a tener pareja más o menos estable, reservamos una noche de viernes al mes para nosotros. Le llamábamos el "Sólo pollas". Salíamos a cenar o a beber en algún parque, dependiendo del momento económico que atravesáramos. Luego nos apalancábamos en alguna casa a jugar al trivial o a ver videos de fútbol. Pero poco a poco la costumbre desapareció. Supongo que con toda normalidad. Como ocurre en todos los grupos de amigos.

- Hacía como tres años que no hablaba con mi amigo más que para felicitarnos santos, cumpleaños y fiestas. Y cuando voy a Asturias hacemos un hueco para tomar un café de esos en los que se generaliza mucho al decir que todo va como siempre. Pero ayer me llamó. Estaba borracho. Me dijo que se acababa de enterar que la chica sin profilácticos se la estaba pegando, con un concejal del PP. Partido en el que ella milita. Que los había visto. Le tranquilicé. Le dije que no se preocupara. Todo con mi natural estoicismo que de vez en cuando hace pensar a la gente que no me importa nada. Él comenzó a insultarla:

"Sabes. La hija de puta se había follado a otro el verano pasado. Decía que se sentía en un mal momento y aceptó el cariño"

-Pensé en decirle que el cariño en forma de polla suele curar depresiones. Pero no me pareció ni importante ni adecuado. Él continúa:

"El cabrón se la está follando, y tiene los huevos de venir a casa a comer cuando estoy yo. Y me pregunta por el Madrid, encima quiere ser mi amigo el hijo de puta"

- Me habla como si hubiesemos tomado un café ayer. Me parece bien. Así es como entiendo la amistad. Se desahoga. Llora. Bebe. Dice que se lo merece. Que se siente como un gilipollas. Que se quiere venir a vivir a Fuerteventura. Que no quiere volver a verla. Yo no sé que decir. No soy bueno en estas cosas. Me dice que no sabe que hacer. No deja de repetirlo. Le digo que pase a ver a mi primo y recoja las llaves de mi casa. Que se quede unos días allí. Acepta.

- Hoy por la mañana me ha vuelto a llamar. Me da las gracias. Dice que soy como un hermano. La ha perdonado. Otra vez. Seguirán juntos. Ella dejará al concejal. Y él podrá seguir corriéndose en su coño calentito, sin profilácticos. Dentro de la chica que acepta semen en su interior. Espero que por lo menos ella empiece a ser un poco más discreta. O que a él deje de importarle. A mi amigo de momento no le hace bien enterarse de esas cosas.

- Yo me enchufo al Mp4. Drexler canta para mi. Me hermana con la duda. Y me habla de la soledad como si fuera una mujer, a la que abrazar al llegar a casa.