- Espera a que esté dormido. Mírame, y dime que el sol es algo más que una bola amarilla que cuanto más se acerca menos calor da. Atrévete a contarme una historia con mamíferos voladores a los que les cambia el color de la nariz. Y de viejos, gordos, barbudos. Que te traen regalos si cierras fuerte los ojos.

- Dime que hay un cielo en el que siempre estarás desnuda. En el que la vida sea algo más que una sucesión de días. Esperando a que el siguiente sea mejor que el anterior. En el que tengamos raso y pétalos de nube al desayuno. Y cenemos entre sudores y cristales de bohemia achampanados.

- Susúrrame al oido una canción que no comprenda. Mordisquéame el lóbulo mientras lo haces. La letra es lo de menos. No importa que diga cosas bonitas. Lo importante es que las digas tú. No puedo imaginarte con ropa. Para eso ya está la realidad. Cómprate un liguero y unas botas, de esas con tacón de aguja. No creo que necesites otras cosas.

- Se me vendrán a la cabeza miles de tópicos más. La foto mental que más veré, será una gota de sudor a punto de caer al vacío desde tu nariz. Como una gota de rocío. Como la última gota de agua. Cuando sabes que es la última.

- Despues me creeré pintando tu contorno con carboncillo. Como en una película de esas que nunca reconoceré que veo. Esperando que no te despiertes para seguir mirándote. Esperando que no me mires para no despertarme.

- Y a la luna le gritare insolente. Porque es una chismosa que espía a los amantes. Tiene envidia de los besos que se dan. Y cuando se esconde corre a contárselo a los del otro lado.

- Cuando despierte recordaré que no creo en estas cosas. Que nunca te las diré consciente. Que negarélo que me haga recordar que un día fui tierno. Y que una noche antes de despertar. Soñé... Soñé que soñaba despierto