-Cojo el Metro en Madrid. El metro me deprime. Hay mucha gente. Unos al lado de otros. Solos. Nadie se preocupa de nada. Supongo que como en todos los sitios. Pero allí es más evidente. Miro los libros que lee cada uno. Gana por goleada: "La sombra del viento" de Carlos Ruiz Zafón. Parece que está de moda. Y la siguiente evolución de la moda es decir que te gusta más "Marina" del mismo autor pero menos conocido. A mi me aburren los dos.Imagino lo que será ir en el metro y descubrir que alguien está leyendo un libro tuyo. Pienso que quizá haya alguien en un vagón en ese momento leyendo los "Vómitos inconexos". Me encantaría encontrarmelo. Creo que si lo hiciera ese momento quedaría marcado como uno de esos que aparecen ante ti según dicen el día que mueres.

- Me bajo del metro. Estoy en barajas. Busco mi puerta de embarque. Es la E-50. Tengo tiempo quedan un par de horas para subir al avión. Busco una de esas pequeñas jaulas que han puesto para fumadores.

- Me subo en el avión y no recuerdo nada más desde ese momento hasta que sobrevolamos Fuerteventura. En la aproximación se ve mi casa. Bastante bien. En la piscina hay alguien tomando el sol.

- Me llama la alemana. No contesto. Aun no. No me apetece hablar con nadie más de momento. Quiero quedarme quieto en la playa. Pensando... Me duermo otra vez. Cuando me despierto tengo la espalda quemada y 14 llamadas perdidas. Apago el móvil.

- Vuelvo a casa. Me pongo a escribir. Mi novela avanza, poco a poco. Llevo algún tiempo que borro más de lo que escribo. Miller dice que un escritor debe escribir 5000 palabras al día para serlo. Evidentemente no lo soy. Ni lo quiero ser. Yo quiero escribir. Pero no quiero ser escritor. Eso es mucha responsabilidad.